sábado, 31 de diciembre de 2011

       

EL TRIUNFO DE LA INDIFERENCIA

Por: Carlos Alberto Quiroga Sierra


Con todo lo sucedido hasta el día de hoy, queda demostrado que  Manizales no tiene los medios necesarios para evitar y/o superar cualquier contingencia, sea de tipo natural, social, político o institucional.

Y fueron muchas las calamidades y emergencias que sacudieron estos meses nuestra ciudad: avalanchas, derrumbes e inundaciones,  la tragedia del bus de Bolivariano y del barrio Cervantes, el  incendio en la Industria Licorera de Caldas, la crisis del acueducto, el corte repentino del gas natural y, por supuesto, las inevitables pérdidas del comercio en general.
Ante esto, el panorama de liderazgo administrativo no pudo ser más desolador: el Gobernador suspendido por gravísimos escándalos y un Alcalde sin mayores ejecuciones, con notable incompetencia para manejar las crisis, tanto las anunciadas como las imprevistas.

En todas estas situaciones dramáticas que atravesamos, quedó claro que carecemos de un liderazgo responsable y efectivo y que nuestros dirigentes no tienen la capacidad -ni la voluntad- de sacar adelante  a su comunidad.

Se sabía, por supuesto, que la ‘politiquería’ era la causante de muchos de los grandes males de nuestra región. Y, con algunas leves esperanzas, creímos que esta conjunción de desastres  podría ser un llamado de atención a la  ciudadanía para que buscara una salida a un letargo de años. Pero en vez de cambiar este destino, una cómoda mayoría optó por mantener y replicar sus más tristes y viejas prácticas.

Como es de público conocimiento, el pasado  30 de octubre de 2011, los manizaleños no celebramos ningún triunfo de la democracia: el único triunfo fue el de la INDIFERENCIA. La indiferencia de una ciudadanía  que no fue capaz de cambiar sus líderes y costumbres políticas y mucho menos de alzar la voz y ejercer sus derechos, de protestar contra las pésimas  administraciones que nos han regido.

Hoy, todavía con las secuelas de las emergencias y desastres vividos,  muchos  dirigentes, periodistas y líderes gremiales, promueven que se oculten las causas y consecuencias  de lo sucedido, que no se expongan públicamente nuestros problemas, para mantener así, ante el país y la opinión pública, una apariencia de tranquilidad y sospechosa confianza. Al fin y al cabo, como se dice por ahí: “en Manizales nunca pasa nada”.

Y mientras tanto, ¿qué hacen los gremios de Manizales? ¿Para qué sirven?   Estas organizaciones dejan mucho que desear con su actitud y su indolencia.  Mientras que en Manizales crecen y se extienden la corrupción, el desempleo, la miseria, el hambre y la violencia, los gremios se debaten en una inoperancia y una crisis de credibilidad que los hace ver como  organizaciones obsoletas y caducas.

Sin duda que la posición de abandono y negligencia de nuestros gremios, así como el conformismo ciudadano, son el reflejo de unas lamentables condiciones sociales y políticas de nuestra sociedad. Pero también es cierto que las soluciones comienzan en el mismo instante en que se descubren y aceptan los problemas.

Un ejemplo concreto de esto es que todos los servidores públicos, involucrados por acción u omisión en estos hechos, debieron tener el valor civil  de renunciar a sus cargos. Como no lo tuvieron, nos queda a los manizaleños y manizaleñas el deber de exigir que la negligencia y la incompetencia no se repitan. Y si esto no es posible, nos queda, por lo menos, el derecho de expresar nuestra indignación y descontento.

Una pena contada en voz alta puede suscitar la compasión de algún doliente. Espero que Manizales nos duela de alguna forma.


Manizales ,28 de Noviembre de 2011

SOLAMENTE FALTA QUE 
NOS QUITEN LA LUZ





Por: Oscar Robledo Hoyos  (Sociólogo)

Nos quitaron primero la ciudadanía, luego vino la sequía que duró quince días, luego las muertes del Barrio Cervantes, luego nos quitaron el gas; ahora se ha iniciado el racionamiento del agua por derrumbes en las cabeceras. Un chascarrillo que corrió durante estos días decía que el alcalde había planeado la distribución de leña en camiones repartidores en todas las esquinas para que no faltara el fuego en las casas. Ha surgido el rumor que próximamente cortarán la energía.

No le cabe a Manizales ni un centímetro más de frustración social ni mayor número de males, a tal punto que nos hemos erigido como paradigma de “Lo que no pudo ser y fue”, como el lugar en donde falta todo, hasta la energía vital para decir “Basta Ya”.
Son muchos los que desde la academia se aguantan “estoicamente” o interesadamente pues en la Universidad también hay guetos de privilegiados y cerebros sembrados en el pensamiento presocrático como lo acaban de denunciar las protestas estudiantiles; son muchos los que desde el establecimiento llaman a la solidaridad pero con la boca llena y habiendo regresado el día anterior del extranjero; son muchos los que desde la ciudadanía hacen un mohín pero se fugaron al día siguiente del corte del agua a cabañas de recreo o fincas o casas de familiares ubicadas en cercanías; son muchos los que desde la intelectualidad critican las denuncias de algunos columnistas argumentando géneros literarios, análisis antropológicos, raíces socioculturales del manizaleño puro y pergaminos entroncados en la misma fundación de la ciudad.

Lo cierto del caso es que la ciudad no resiste un grado más de negación. Primero los sobrevivientes de tantas desdichas lloraron y patalearon y dijeron: ¡No, no puede ser que esto sea cierto! Fueron los momentos de la negación del proceso de duelo, dicen los psicólogos. Luego poco a poco ha venido el reconocimiento de la catástrofe y el reclamo. Paulatinamente se reconocieron otras laderas del desastre hasta llegar a una conciencia global y pluriforme de desdichas en otros órdenes, en casi todos los órdenes. No es la tierra, no es el agua, no es la historia, no es la ubicación, no es el gas, no es nuestro ethos, hasta llegar a detectar un monstruo multicausal que se ha venido desarrollando a través de décadas en la entraña de la sociedad.

Se sigue con el alma venida a menos y la susceptibilidad a flor de piel. La autoconciencia de ciudad y la autoestima social “andan volando bajo” y se encara el futuro con incertidumbre y desesperanza. El proceso identitario ha quedado en el aire. De la corta animación y sobreposicionamiento (marchas, protestas, concentraciones) se ha entrado en un proceso rabioso, solapado y tenebroso, de duda y deseos de negarlo todo. Todo está por hacer, todo es criticable, nada se sostiene y todo se volatiza de un día para otro. Con algunos filósofos sociales diríamos que la ciudadanía anda en un proceso de removerlo todo sistemáticamente, de de-construcción, fase necesaria para construir un futuro colectivo más gratificante (¿Derrida?).

Pero, falta armar todas la piezas del diagnóstico, articular el discurso de nuestros males de manera coherente y comprensiva, vale aquí la complejidad moriniana y evidentemente, la fase propositiva, la gran asamblea comunitaria de todos los estamentos sociales para iniciar la reconstrucción del ser social de Manizales.
Es evidente que esta empresa de reconstrucción social no puede ser el empeño de una persona o entidad sino de todos los habitantes. Es el momento de hacer una gran convocatoria, ¿el municipio?, ¿la gobernación?, ¿las corporaciones cívicas? para un trabajo multidisciplinario en donde debe tener un lugar especial las universidades pues al fin y al cabo nos reconocemos como “Ciudad Universitaria”.

Se requiere igualmente elaborar el Plan de Trabajo para lo cual es indispensable definir Marco Teórico Conceptual , Estrategias, Cronograma, Mesas de Trabajo, etc, pues la tarea a emprender tendría frentes simultáneos de acción. Trabajo pues de y para la ciudadanía en general, la institucionalidad, la academia, la intelectualidad, la prensa, los Gremios Económicos, educadores, ciencias de la salud, la filosofía, trabajo Social, poesía, la psicología social, el Derecho, Gremios económicos, Geología e Ingenierías, las humanidades y Bellas Artes; en fin, todos los saberes aunados y dirigidos hacia una clara meta colectiva. Esta tarea podría ser coordinada por las Universidades lo que sería un precioso regalo a la ciudadanía.

La ciudad ha colapsado en todos sus órdenes.
¡Es urgente reinventar la ciudad!
¿Realidad? ¿Utopia? Es suya la palabra.


Manizales, Noviembre23 de 2011.

lunes, 5 de diciembre de 2011



TOCAR FONDO

Por: JAIME EDUARDO JARAMILLO JIMÉNEZ 


Amigos del Blog Babelia y del Colectivo Babilonia:

He recibido el Manifiesto por Manizales. ¡Era una iniciativa necesaria!

La historia nos muestra que, con más frecuencia de lo que quisiéramos, un segmento de un grupo humano se “acostumbra” a convivir con lacras políticas, sociales y morales que escandalizarían a otro grupo social, creándose una complicidad de facto, un conformismo que significa “predicar en el desierto” por parte de aquellos que, como Casandra o los profetas bíblicos, son considerados voces incómodas, acaso “locos”, siempre la “piedra en el zapato”.

Es cierto que en Manizales ha habido organizaciones sociales, periodistas, agrupaciones cívicas, investigadores de las universidades y ciudadanos de a pie, que han denunciado valientemente (a veces sacrificando su vida misma) a los “jinetes del apocalipsis” de la corrupción, la exclusión social, la ineficiencia, la indolencia y la insolidaridad. Pero estas voces críticas y disidentes no han alcanzado suficiente eco ciudadano. Y así vemos que las tenazas politiqueras se reciclan, cambian de nombres, pero no desaparecen. La corrupción hace metástasis, sin que electoralmente se exprese una clara condena ciudadana y sin que aparezcan, o se consoliden, movimientos cívicos o políticos alternativos. En muchos casos continúan las “roscas” por apellidos, por nombramientos a dedo, por compinchería. 

Las elegías bucólicas idealizadas (“Siquiera se murieron los abuelos…”) sustituyen los testimonios de época y los meditados estudios que se hacen en la academia y por investigadores independientes, con bases documentales, sobre la historia de Manizales y Caldas, develando sus despojos e inequidades, su lado oscuro e invisibilizado; pero también exaltando los logros colectivos, sus mujeres y hombres representativos en el trabajo, la política, las letras o las artes, que no son siempre los que han alcanzado el Olimpo de la consagración oficial o mediática. Se han gestado en muchas ocasiones “héroes” de oropel, y los verdaderos héroes y heroínas, silenciosos, perseverantes, auténticos creadores de valor social, moral e intelectual, suelen permanecer en la penumbra…

Bienvenido entonces este Manifiesto. Muchas veces un colectivo humano - citadino y regional, en este caso - debe “tocar fondo” para desnaturalizar lo que parece “normal”, para contribuir a remover las más íntimas fibras colectivas, para sacudirse y cuestionarse, a fin de decir que lo que existe no puede ser lo único posible, que lo que es “no puede ser verdad”.

Ustedes constituyen una voz, desde el quehacer cultural, independiente, estudiosa, divulgadora de valores de belleza, de insumisión e independencia. Los cibernautas que los consultamos con asiduidad podemos estar de acuerdo con muchas de sus posiciones y divergir de otras, pero esto hace parte de la democracia, de la pluralidad que, por cierto, Babelia y su Colectivo auspician. Es necesario para contribuir a la profundización de una cultura ciudadana, para desarrollar una veeduría pública y una deliberación colectiva, que el Manifiesto por Manizales circule entre muchas personas, que viven en la ciudad o fuera de ella, especialmente por las redes virtuales que ustedes han sabido utilizar con talento y audacia en Babelia (interfecundando en esta bella revista digital la creación estética y la divulgación musical y literaria).

Rememoro también los exquisitos bocados literarios extraídos de la Tertulia que, con pasión y conocimiento, dirige Jairo Hernán Uribe en la UAM, y que son puntualmente divulgados en la red. Son aquellos y estos, textos para invitar al lector a detenerse un momento a pensar, a pensarse y a reflexionar sobre los otros, a desarrollar una visión contraevidente, para ver las cosas de distinto modo...

Estas reflexiones, para expresarles que me adhiero al Manifiesto por Manizales y manifestarles que lo he divulgado entre parientes y amigos.

Un cordial saludo.